La Inhabitación Trinitária (mayo/2025)
- Lucas Gelásio
- 9 sept 2025
- 2 Min. de lectura

La Monja Nordestina atravesó en mayo un periodo de prueba personal. Al orar por los demás, sentía al Señor muy cerca, escuchaba su voz y recibía sus inspiraciones. Sin embargo, al orar por sí misma, Él se retiraba, lo que le causaba profundo dolor.
San Juan de la Cruz explica este fenómeno como una purificación espiritual: el alma se siente abandonada por Dios para despojarse de las expectativas de bienes espirituales y unirse a Él, sin desear nada más que a Él.
Después de algunas semanas, la monja comprendió esta purificación pasiva, la aceptó, y entonces todo cambió.
Comenzó a sentirse habitada. Si antes, al orar por los demás, se sentía cerca del Señor, ahora ya no lo percibía fuera de ella, sino dentro, habitándola.
Su alma emergió de la oscuridad en la que se encontraba y pasó a contemplar una luz radiante en su interior. Esta luz le permitió ver y comprender cosas nuevas.
Fue entonces cuando, de manera inefable, comprendió la transubstanciación eucarística. Entendió lo que le sucede al alma en la comunión y la absolución sacramental.
Al adentrarse más en su alma, entendió quién habitaba allí: la Santísima Trinidad. Esto le produjo un gozo inmenso.
Su descripción de esto me ayudó a comprender mejor los acontecimientos profetizados en las apariciones de Nuestra Señora.
María anunció tres grandes intervenciones divinas durante el período de la Tribulación:
En el primero, el Aviso, todas las personas verán el estado de sus almas y sufrirán el dolor de los pecados cometidos.
En el segundo, la Señal, quienes estén presentes en los pinos de Garabandal —y quizás en otros lugares de apariciones— verán un milagro y sentirán la grandeza trinitaria en sus almas, si se encuentran en estado de gracia. Los sacerdotes también tendrán la prueba de la transubstanciación eucarística.
En el tercero, el Castigo, los impíos caerán, Dios manifestará su misericordia y comenzará un tiempo de paz.
La humanidad, por lo tanto, experimentará las tres etapas por las que pasa un alma al purificarse: ver lo pequeño que es, ver lo grande que es Dios y unirse con Él.
Los Tres Días de Oscuridad, aunque literales, simbolizan esta unión: debemos cerrar todos los espacios en nuestra alma para que nada externo pueda entrar, y entonces tendremos como luz, dentro de nosotros, solo a Jesucristo.













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